Vestigios de heroísmo en la ciudad antorcha

Articulo Divulgativo Revoltijo
BIBLIOTECA – UNHIC – Vestigios de heroísmo en la ciudad antorcha

Vestigios de heroísmo en la ciudad antorcha

por María Luisa García Moreno,

Periodista, editora y escritora.

Bayamo, la segunda villa fundada por el conquistador español Diego Velázquez, fue la primera capital de la República en Armas y así se había declarado el 20 de octubre de 1868, apenas diez días después del grito del Demajagua.

Sin embargo, no iban los colonialistas a permitir ese ejemplo y lanzaron contra la ciudad rebelde todas sus fuerzas. Los mambises habían dominado la zona del río Cauto, con lo que garantizaron su permanencia en Bayamo; pero, a principios de enero de 1869, se acercaban a la ciudad unos tres mil hombres, mandados por el general Blas Villate de la Hera, conde de Valmaseda.

Con varios millares de soldados bisoños y solo unas quinientas armas de fuego, el general Donato Mármol Tamayo trató de detener el avance de los españoles junto al río Saladillo. Los patriotas se defendieron con sus machetes como en los combates de noviembre del 68; pero esta vez se impusieron los cañones y fusiles.

El 12 de enero, después de tres días de intensos combates contra fuerzas muy superiores del enemigo y ante la inminencia de que la ciudad cayera en manos de los españoles, el pueblo enardecido decidió reducir a cenizas la ciudad, conmovedor gesto que demostró el patriotismo y la decisión de los cubanos de luchar por la independencia de la patria.

Don Pedro Maceo Infante, padre del patriota Francisco Maceo Osorio, comenzó el magno gesto dando fuego a su propia casa, donde tenía instalada su farmacia; otras fuentes plantean que fue Pedro Maceo Chamorro el iniciador del estoico gesto… Lo cierto es que el ejemplo se multiplicó por chozas, residencias, iglesias, edificios públicos… ¡Toda la ciudad ardía! Casi diez mil bayameses la abandonaron y se refugiaron en los montes.

A lo lejos, el general Valmaseda no podía creer lo que veía. Iba en pos de una gran y decisiva victoria militar, esperaba descansar en una de las hermosas casonas bayamesas y sus sueños se desvanecieron al ver la ciudad en llamas. Cuando las tropas españolas entraron a Bayamo, solo encontraron ruinas humeantes y escombros. Aún estaba en pie la torre de Zarragoitía, en la que se desplegó el puesto de mando de los ocupantes, lo que le valió posteriormente a Valmaseda, el sobrenombre de Tigre de Zarragoitía. También escaparon del incendio las columnas de la casa de Carlos Manuel de Céspedes, que más tarde el gobernador español ordenó demoler para construir allí su propia casa. Por este hecho histórico, Bayamo se convirtió en “la ciudad antorcha”, aunque su ejemplo se repitió en otras ciudades y pueblos de Cuba.

Mucho tiempo pasó antes de que la ciudad fuera reconstruida y cuando se hizo, entre finales del siglo XIX y principios del xx, se emplearon los códigos arquitectónicos de entonces, se dejó a un lado el toque colonial y fueron sepultados los restos incinerados. Por eso, no existe en Bayamo esa arquitectura colonial que muchos visitantes esperan ver. No obstante, sí quedan vestigios en la catedral y otros inmuebles.

La Parroquial Mayor de San Salvador de Bayamo —hoy catedral—, destruida en parte aquel día, fue reconstruida; es hoy el único templo religioso en toda la Isla que luce en su interior un mural con contenido patriótico, que representa el histórico momento de la bendición de la bandera de Céspedes.

El centro histórico urbano de Bayamo fue declarado Monumento Nacional el 10 de octubre de 1978.

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