SALUTACIÓN POR UNA CIUDAD VARIAS VECES CENTENARIA: CAMAGÜEY

Articulo Divulgativo
BIBLIOTECA – UNHIC – SALUTACIÓN POR UNA CIUDAD VARIAS VECES CENTENARIA: CAMAGÜEY.

SALUTACIÓN POR UNA CIUDAD VARIAS VECES CENTENARIA: CAMAGÜEY

Por Adela María García Yero

Unhic Filial Camaguey

La historia de Santa María del Puerto del Príncipe, también Puerto Príncipe y renombrada en los inicios del siglo XX como Camagüey, está rodeada de incógnitas, leyendas y misterio desde sus inicios. Quizás uno de los debates más constantes siga siendo la fecha de su fundación allá en los albores del siglo XVI, entre 1514 o 1515 al no mediar acta ni plano de fundación y las referencias varían de un historiador a otro.1 Su ubicación se convierte a la par en otro punto álgido, y como es común en otras villas cubanas, sufre traslados posteriores hasta el enclave actual. Sin embargo se ha logrado cierto consenso al situar este primer espacio en Pueblo Viejo de Nuevitas, en Punta del Guincho, donde existen evidencias de su establecimiento, según han corroborado los estudios arqueológicos realizados,2 en respuesta al proyecto económico español. Por los inconvenientes geográficos la incipiente villa se traslada, presumiblemente, primero en 1516 hacia el cacicazgo de Caonao, el cual hubieron de abandonar por una sublevación de aborígenes en 1528 hacia el cacicazgo de Camagüeybax.3 Otro hecho relevante es el ser una de las pocas villas cuya primera ubicación fuera al norte del territorio y luego su andar hacia la seguridad ofrecida hacia el centro, lo cual, desde los inicios, le otorgaría una cierta autonomía: equidistante de los centros principales del poder colonial: Santiago de Cuba y La Habana.

El emplazamiento en 1528, entre los ríos Tínima y Hatibonico, marcan el desarrollo definitivo de la villa trashumante como población mediterránea. Hoy, luego de más de cinco siglos de fundada, la ciudad ofrece a quien la recorre experiencias únicas a partir de la evolución de su paisaje urbano, expresión de un genius locci particular, que se devela en su peculiar trazado urbano, una particular desviación de una primigenia retícula que intentó ordenar el recorrido de sus calles y donde coincido con lo expresado por Henry Mazorra: “(…) ninguna de las teorías expuestas hasta la fecha es suficiente para explicar Camagüey y, al mismo tiempo, todas tienen parte de razón”.4 Creció sin planeamiento previo ni a largo plazo, donde cohabitaron la inseguridad afianzada en la memoria, la necesidad de superviviencia, la espontaneidad, el aprovechamiento de las estructuras aborígenes preexistentes, aprovechadas e incorporadas en ese momento de configuración urbana inicial. Todo ello apoyado en el siglo siguiente por sucesos fortuitos como el incendio de 1616 que borró lo construido, el nuevo comienzo, los ataques piratas de 1668 de Henry Morgan y de Francois Grammont en 1679, (donde cabe apuntar que la relación de los principeños con el comercio de rescate o contrabando contribuyó a la formación de fuertes capitales que sirvieron de base para la estructuración del tejido urbano), así como el ciclón de 1692 que destruye la villa.

Esa necesidad de recomenzar hace que hoy se conserve como parte más antigua de su centro histórico a la ciudad que se configura en el siglo XVIII, donde se trazan de modo casi definitivo (nunca una ciudad deja de transformarse según las necesidades de sus habitantes) los nuevos espacios. Es de destacar en todas estas etapas la permisibilidad de las autoridades5 ante los empujes de las familias patricias en cuanto a la ocupación del espacio urbano, ya sean necesidad de nuevas calles o callejones de comunicación entre espacios incomunicados, la apropiación de áreas pequeñas para construir un edificio, lo que conduce a un paisaje urbano que se irá estructurando a partir de plazas principales articuladas por medio de calles, callejones, plazuelas o simplemente dilataciones del espacio público, creando un recorrido lúdico de perspectivas que sorprenden y otorgándole ambientes sociales particulares.

No se debe dejar de la mano el papel desempeñado por la Iglesia en la trama de la ciudad, la construcción de templos de distintas jerarquías presidiendo plazas o plazuelas se convierte en un elemento que dinamiza y favorece la construcción de barrios, y que se yerguen como hitos dentro de la ya compleja sinfonía urbana. Las características geográficas del paisaje definirán rasgos morfotipológicos propios dentro de la ciudad, los ríos y la topografía establecen imperativos en el recorrido de las calles, como Cisneros y Lugareño y otras en una clara convergencia hacia el puente de La Caridad, la construcción de viviendas, solo recordar los molestos quicios en las aceras, el temor a las inundaciones o la ubicación del parque Agramonte en una cota más elevada que el resto de las plazas. En fin, un grupo de condiciones históricas, socioeconómicas, naturales y culturales que definen y distinguen a Camagüey del resto y la convierten en ese misterio que hasta hoy se levanta orgullosa desde el centro de la Isla.

1 Para Morell de Santa Cruz, Juan Torres Lasqueti, Tomás Pío Betancourt, Jorge Juárez CanoFrancisco Luna Marrero y otros se sitúa en 1514, para Hortensia Pichardo (La fundación de las primeras villas de Cuba, p. 23) y los autores de los textos Historia de Cuba. la colonia, evolución socioeconómica y formación nacional de los orígenes hasta 1867 (p.85), Historia de Cuba 1492-1898. Formación y liberación de la nación (p.51) lo sitúan en 1515.

2 Ihosvany Hernández Mesa: “Arqueología en Pueblo Viejo de Nuevitas: problemáticas actuales y perspectivas”, en Elda Cento, comp.: Cuadernos de historia principeña 5, Ed. Ácana, p. 10 y del mismo autor “Primera campaña de exploración arqueológica en Pueblo Viejo de Nuevitas”, en Cuba Arqueológica, V (1): 3, 2012.

3 Cfr. Lourdes Gómez: Camagüey: ciudad y arquitectura (1514-1950), Ed. Ácana, 2006, p.36

4 Henry Mazorra Acosta: “Nuestro excepcional entramado urbano”.Disponible: www.elcamaguey.org

5 El Ayuntamiento carece de fondos para impulsar a plenitud todas las obras requeridas, para planificar o transformar la ciudad, a pesar de establecer en el siglo XIX las Ordenanzas Municipales no se es exigente con el control urbano, se deja espacio para la iniciativa privada.

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