ENTREVISTA REALIZADA AL DR. OSCAR LOYOLA VEGA

Noticias Premier

por Reinier Borrego Moreno y Fabio E. Fernández Batista.

Una buena parte de su laboreo profesional ha transcurrido en las aulas de la Universidad de La Habana. ¿Cuánto de su formación humana e intelectual debe el Dr. Oscar Loyola al ejercicio docente que por décadas ha desempeñado en tan prestigiosa casa de estudios?

Yo di mi primera clase a los trece años de edad, mientras estaba en octavo grado. No había profesores para séptimo, yo conocía a todo el mundo y descaradamente me atreví a hacerlo. En la primera clase que di descubrí que iba a ser profesor. No sabía de qué iba a dar clases pero sabía que iba a dar clases. Creo que todo lo que yo he logrado en la vida ?estoy satisfecho, dado los problemas de mi generación?, es gracias al hecho de trabajar como profesor de la Universidad de La Habana. Para mí ha sido fundamental estar constantemente al día con los estudiantes, discutir con diferentes generaciones, ver cómo han ido cambiando la manera de pensar y asumir el mundo. Yo no hubiera sido el Oscar Loyola que soy si hubiera estado en otro lugar que no fuera en la Universidad de La Habana.

¿Qué criterios han determinado su trabajo profesoral en la formación de las nuevas generaciones de historiadores?

Bueno, hay un viejo refrán que dice que cada maestro tiene su librito. Yo diría que hay dos cosas necesarias para mantenerse con un mínimo de éxito en este trabajo. En primer lugar, no considerar jamás que uno tiene la verdad en la mano. Considerar que el estudiante, hasta el estudiante más aparentemente pobre en ideas que uno tenga, tiene derecho a tener una perspectiva diferente a la mía, y aceptarlo. Tuve un alumno una vez que en un trabajo de pensamiento cubano pretendió destruir la figura de Félix Varela, que es un mito nacional. El trabajo era terrible en el plano afectivo de todos nosotros con Varela, pero fabuloso en el plano del análisis. Trabajó enormemente y eso creo que es importante. O sea, mis criterios fundamentales han sido dos. El primero, admitir cierta pluralidad general en el alumnado, en el derecho del alumno a expresarse y a pensar distinto a mí. Yo no tengo la verdad en la mano. Y por otro lado, algo que me parece que es elemental: el respeto a toda inquietud que el alumno tenga. El estudiante viene a la universidad para tener inquietudes. No viene, es mi criterio a estas alturas de mi vida, a aprehender la manera en la que el profesor piensa. Entonces usted tiene que respetarles las inquietudes al muchacho y tiene que hacer otra cosa: impulsarlas si no las tiene. Tratar de que el estudiante se vaya de aquí con criterios personales que la vida le puede enmendar o que le puede reafirmar. Sea quien sea el profesor, debe respetar la pluralidad de opiniones. El conocimiento no debe ser aprendido a pie juntillas por el alumno, debe ser reprocesado por el estudiante.

Ello implicaría potenciar la capacidad de análisis en los estudiantes. Teniendo en cuenta nuestras problemáticas, ¿cuánto de provechoso puede ser ello para la sociedad cubana actual?

La historia es, como ustedes saben, la más antigua de las ramas del saber. Es muy densa, es muy sólida y no tiene una tradición, como en otras ramas -digamos la filosofía-, de amplia discusión plural. Hoy por hoy se utilizan mucho las expresiones otredad, pluralidad, que me parecen muy buenas. Yo creo que una buena enseñanza de la Historia a lo que tiene que tender no es a una acumulación del saber que se puede encontrar en el mundo contemporáneo en cualquier base de datos. Eso no es necesario. A lo que tiene que tender es a que el ser humano comprenda su lugar en una sociedad concreta. Nadie vive en abstracto. Vive en una sociedad, en un medio geográfico con características socioeconómicas, de identidad y de tipología nacional distintas a la de otros conglomerados humanos.

El historiador lo que tiene que aprender como simple ser social es a ser un habitante de su momento histórico, del lugar en el que vive y responder sus problemas. Sería absolutamente tonto considerar que alguien de nuestra nación se especializara en el Medioevo de la Polinesia, si es que existe esta temática, dándole la espalda a la cantidad de problemas que la nación cubana ha tenido siempre y que para ser mejores habría que responder. Eso no se logra con una acumulación verbalista del conocimiento. Por supuesto, un estudiante de Historia tiene que saber qué pasó en la Antigua Grecia. Pero ya desde la época de José Martí se había detectado muy bien que hace mucho más falta el conocimiento de la “Grecia” en la que uno vive, que el de la Grecia Clásica. A veces en Cuba el estudiante no entiende que un estudiante europeo apenas estudie Historia Antigua o Medieval, pues para ellos esa es historia nacional. O sea, las asunciones son diferentes. Luego las divisiones son diferentes. Las crea el hombre, por lo tanto, es el hombre quien tiene que dinamitar todas esas divisiones. Mientras más se logre que el estudiante de Historia se ubique en lo que pueda ser la sociedad como tal, mejor historiador será, creo yo.

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