EL GENERAL JOSÉ MACEO Y LA MÚSICA

Articulo Divulgativo
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EL GENERAL JOSÉ MACEO Y LA MÚSICA

El nombre del mayor general José Maceo está bien escrito en la historia y también en la leyenda. Nació en Majaguabo, San Luis, Oriente, el 2 de febrero de 1849. El 5 de julio de 1896, durante el combate de la loma del Gato, un impacto de bala en el centro del pecho lo derribó del caballo.

Lo condujeron a la finca Soledad, en Ti Arriba, donde murió cuatro horas después. Sus hazañas, que lindan con lo inverosímil, ocultan a veces al hombre sencillo, sentimental y candoroso que solían evocar sus compañeros en la manigua.

El amor por la música es una de las facetas menos conocidas del general José. Durante mucho tiempo se dijo que, en cierta ocasión, compuso él mismo la música de una marcha. Lo que está fuera de toda duda es que fue el organizador de una banda de música en el Ejército Libertador.

Los músicos de esa agrupación, ya finalizada la Guerra de Independencia, formaron parte de la banda municipal de Santiago de Cuba y, en esa nueva etapa, estuvieron también bajo la direción del maestro Rafael Inciarte Ruiz, que ya los había dirigido en la manigua.

Para José Maceo, sus músicos eran sagrados.

Se cuenta que en un combate, un jefe intermedio colocó a la banda en un lugar de peligro. El general José rectificó de inmediato la orden. Con su tartamudeo característico, dijo a su subordinado:

—Sepa usted que los músicos son aquí insustituibles. Si a usted lo matan, yo tengo con quien reemplazarlo de inmediato. Si me matan a mí, ocurriría lo mismo con solo correr el escalafón.

Pero si muere uno de los componentes de la banda, ¿con quién y cómo vamos a reemplazarlo?

Se quejaba a menudo de que sus músicos interpretaran por lo general la música del enemigo.

—Estoy cansado de oír pasodobles españoles —dijo en una ocasión a un corneta. Fue entonces que tarareó, con ironía, algunos compases y el músico, que había aprehendido al vuelo la idea y captado lo imperioso del comentario, se puso a trabajar de inmediato en el asunto. Un pasodoble de tema cubano que tituló “La estrella de Oriente” y dedicó al general José Maceo, “cabeza de la Revolución”. Cuando la pieza estuvo lista, corrió el músico a tocarla en presencia del jefe mambí. José la escuchó con atención y al final tarareó algunos compases de un toque de corneta y preguntó al compositor si le parecían bien para añadirlos a lo que había creado. El hombre sumó esos compases a la introducción de su pasodoble y los repitió en el curso de la melodía.

¡Claro!, la marcha no era del todo suya; su autor fue el corneta santiaguero Sotero Sánchez, a quien en la manigua conocían como el Cadete.

Bien entrado el siglo xx, Sotero vivía todavía en Santiago de Cuba y seguían llamándole por el sobrenombre que ganó en la contienda, aunque un cadete de más de 70 años esté ligeramente pasado de edad.

El escritor Rafael Esténger lo entrevistó en 1937 para la revista Carteles. Precisó entonces que aquellos compases fueron la única contribución de José Maceo al pasodoble. Sí, con orgullo, el general lo llamaba “mi marcha”, porque en definitiva él se la había dedicado.

Como el compositor en cuestión era además instructor de corneta difundió esos compases, que se convirtieron en diana mambisa en casi todos los campamentos orientales.

José Maceo se sintió complacido y cada vez que aludía a “La estrella de Oriente” decía de manera invariable: “Mi marcha”.

* Publicado 21 de septiembre del 2017.

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