EL ALZAMIENTO DE LAS VILLAS EN LA REVOLUCIÓN DE 1868

Articulo Divulgativo
BIBLIOTECA – UNHIC – EL ALZAMIENTO DE LAS VILLAS EN LA REVO-LUCIÓN DE 1868

EL ALZAMIENTO DE LAS VILLAS EN LA REVOLUCIÓN DE 1868

por Rolando Rodríguez García

Dr. en Derecho. Historiador e investigador cubano.

[…]

Después de largos conciliábulos con la junta habanera, que los había estado conteniendo para que la insurrección no llegara al territorio aledaño a sus intereses en occidente, el 6 de febrero de 1869, los villareños, hastiados de esperar, presionados por órdenes de arrestos libradas contra sus dirigentes, acudieron al campo del honor y, al fin, se sublevaron.

Aquel día, la Junta Revolucionaria de Villa Clara se pronunció por la independencia en San Gil, en el lomerío próximo a Manicaragua y una partida de rebeldes chocó en las cercanías de este poblado con una columna volante española. El 7 de febrero, en La Moza, entre Manicaragua y el Hoyo, la junta, bajo la conducción de Miguel Gerónimo Gutiérrez Hurtado de Mendoza, redactó y firmó el acta de independencia1 y, desde entonces, consideraron ese como el día de la insurrección.2 Poco después, los pronunciados tomaron Cumanayagua.

También, el día 6, Federico Fernández-Cavada Howard, antiguo teniente coronel del ejército de la Unión durante la Guerra de Secesión de Estados Unidos, se pronunció en La Macagua, en las estribaciones de la sierra de Guamuhaya. Otros levantamientos se produjeron en las jurisdicciones de Cienfuegos, Sancti Spíritus, Remedios y Trinidad. En cuanto a la esclavitud, se acordó que se emanciparía a los esclavos que se incorporaran a las filas insurrectas.

El coronel Francisco Montaos, comandante general interino del departamento de Santa Clara, todavía repleto de incertidumbre a pesar de los numerosos informes recibidos acerca del posible alzamiento, le informaba el día 7 al general Dulce que este se acercaba. Así se lo hacían saber de La Esperanza, al darle parte de que habían inutilizado puentes ferroviarios del enlace con Cienfuegos; de Manicaragua, donde se conocía estaban reunidos los insurrectos; de San Juan de los Yeras, desde donde se informaba que el anuncio del alzamiento había aparecido escrito en las paredes; de Santa Isabel de las Lajas, donde ya se había producido un encuentro entre voluntarios movilizados e insurrectos, y de Malezas, en las cercanías de Santa Clara, donde una partida de insurrectos había asaltado una tienda y robado las armas que el dueño tenía para su defensa. También anunciaba que había sido interrumpido el telégrafo con la capital, y en Sagua la Grande el tren de Sancti Spíritus había recibido disparos.3 No se conoce qué mayores elementos necesitaba el coronel Montaos para comprender que en los momentos de enviar su informe al capitán general no se preparaban los acontecimientos sino que ya, prácticamente, todas las jurisdicciones del territorio estaban envueltas en la lucha.

Ese mismo día, en una comunicación de un jefe de tropas también al capitán general se decía que en Nombre de Dios, a cinco leguas de Santa Clara, se habían congregado 500 insurrectos bajo la bandera independentista; voluntarios, que habían llegado cerca de La Esperanza (tomada ya por los mambises), aseguraban que en San Juan de los Yeras había 3000 alzados.4

El ataque a Jumento (más adelante Fomento), el día 8, alertaba acerca de que la zona de guerra se extendía por momentos. Ya el 12, el comandante militar de Remedios daría órdenes al jefe de unas fuerzas del batallón Tarragona y otras tropas dislocadas en Camajuaní, de marchar rumbo al paradero de Juan Andrés y a Santa Fe a batir las partidas que estaban en estos lugares.

En los días sucesivos se produjeron encuentros en Güinía de Miranda, el cafetal González, las inmediaciones de Jagüey Grande, en Monte Guayabal, cerca de Trinidad y el ingenio Cuevas; fueron atacados Santo Domingo y Chambas. El 17, los voluntarios de Mayajigua se rindieron a fuerzas mambisas.

Como se observa, la insurrección en Las Villas no era resultado de una acción aislada sino de una concertación y toda la provincia aparecía moteada de alzamientos que, de conjunto, sumaban miles de insurrectos. Lo único, que la inmensa mayoría estaba mal armada o prácticamente desarmada.

[…]

El 12 de marzo, el general Carlos Roloff Mialofski, de origen polaco, sufrió una dura derrota en las inmediaciones de San José de Potrerillo propinada por el entonces teniente Federico Capdevila.5 La junta de gobierno del territorio villaclareño acompañaba a sus fuerzas. Esa misma noche comenzó un debate acerca de la estrategia a seguir. La alternativa era: avanzar hacia occidente a sublevar las dotaciones o seguir la recomendación de Morales Lemus de no avanzar rumbo a occidente. Contra la segunda tesis se levantaron Eduardo Machado Gómez y Roloff, quienes propusieron la marcha al poniente; pero triunfaron las tesis de evitarlo, de Miguel G. Gutiérrez, inicialmente anexionista, con conceptos primarios acerca de la preservación de la propiedad y horrorizado por la posible insurrección de la plebe, de la horda, temor que había movido siempre a esclavistas, reformistas y anexionistas.

De esa suerte, y como no habían recibido las armas prometidas, concluyeron que debían llevar fuerzas desarmadas, capitaneadas por Roloff, en dirección a la zona oriental, con el objetivo de conseguirlas de Céspedes y luego regresar.

La Junta Revolucionaria, junto a 1200 o 1300 hombres, echó a andar hacia la región oriental, en tanto en diferentes jurisdicciones villareñas quedaban partidas en son de guerra. Estas librarían rudos encuentros, a pesar de su inferioridad en armamento, que a veces las haría batirse a pedradas o lanzar colmenas al adversario.

[…]

En las acciones desarrolladas participaban no pocos esclavos emancipados, porque los jefes mambises se encargaban de liberar cuantas dotaciones podían. Para ese instante, tal acción era el resultado de una política de guerra de los insurgentes. En la instrucción que Carlos Roloff, como general jefe de operaciones de Las Villas, dirigió el 22 de abril al brigadier Ramón Tristá, se le autorizaba a sublevar dotaciones.6 Ahora aquellos exesclavos estaban dispuestos a vender cara su piel.

También se incorporaban a la insurrección los culíes chinos, que al fin encontraban la forma de escapar de su semiesclavitud. Un hecho revelador resultaría que el capitán del partido de Banao le informara al comandante general de Sancti Spíritus y Morón que el mayoral de finca Manaca había puesto en su conocimiento que la noche anterior se habían presentado allí y hecho fuego “unos chinos armados” que, según dice, habían robado “todo lo que pudieron”.7

En los últimos días de julio, una comunicación de Francisco Vicente Aguilera Tamayo, como secretario de Estado y Guerra, estableció a los fines de la organización del ejército que el “Estado de las Villas” comprendía los distritos de “Sto Espíritu, Villa Clara y Cienfuegos”, y este último alcanzaba hasta Colón. Se designaba como general en jefe de Las Villas a Federico Fernández-Cavada y de los distritos, respectivamente, a Honorato del Castillo Cancio, Salomé Hernández Villegas y Adolfo Fernández-Cavada Howard.

El levantamiento villareño convenció a Dulce, de que los flojos cubanos no acabarían pronto con su algarada para regresar a sus casas, cuidar del gallo fino y la potranca, y tocar el laúd a la puerta del bohío de la guajirita amada. Se trataba de una verdadera guerra, no de un conato.

Esta nueva insurgencia lo llevó a pedir de inmediato el envío de 6000 soldados más, adicionales a los 5000 en camino, y más recursos económicos para sostener la contienda.

El 10 de abril de 1869, en el pueblo libre de Guáimaro, tomado por los mambises en noviembre del año anterior, se reunió la Asamblea Constituyente. Allí estuvieron presentes Miguel Gerónimo Gutiérrez, Eduardo Machado, Antonio Lorda, Tranquilino Valdés y Arcadio García, como representantes de Villaclara, y Honorato del Castillo, por Sancti Spíritus. Comenzaba a dársele forma de Estado a la nación forjada en medio de la guerra y Las Villas era parte de la República en Armas.

* Tomado de “Dialogar, dialogar”, 5 de febrero del 2018, en https://dialogardialogar.wordpress.com/

1 Rolando Álvarez Estévez: Carlos Roloff Mialofky; ensayo biográfico, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1980, p. 38.

2 “De Miguel G. Gutiérrez, A. Lorda y Eduardo Machado Gómez, a la Junta Central Republicana de Cuba y Pto.

Rico”, 10 de junio de 1869, en UCLV/B, fondo Coronado, t. XX. 3 “Del comandante general interino del departamento de Santa Clara al capitán general”, 7 de febrero de 1869. A/SHM, Documentación sobre Cuba, caja 57; “Del comandante militar de Cienfuegos al comandante general de Santa Clara”, 6 de febrero de 1869. A/SHM, Documentación sobre Cuba, caja 101.

4 “De Enrique [ilegible] al capitán general”, 7 de febrero de 1869. A/SHM, Documentación sobre Cuba, caja 43.

5 “Diario de operaciones del Regimiento de Artillería a pié”, 1.er batallón, 4.ª compañía”. A/SHM, Documentación sobre Cuba, caja 2.

6 “ Autorización del general Carlos Roloff al brigadier Ramón Tristá”, 22 de abril de 1869. A/SHM, Documentación sobre Cuba, caja 43. 7 “El capitán del partido de Banao al comandante general de Sancti Spíritus y Morón”, 21 de enero de 1870. A/SHM, Documentación sobre Cuba, caja 3.

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