RAFAEL MARÍA DE MENDIVE: SEMBRADOR DE IDEAS

Articulo Científico

Por María Caridad Pacheco González

Dra. en Ciencias Históricas y miembro del secretariado nacional de la Unhic.

La tradición nacional no es solo memoria, sino fuerza movilizadora capaz de desarrollar la sen­sibilidad humana y de revelar valores esenciales del hombre, y Rafael María de Mendive educó a sus alumnos, entre los cuales descolló Martí, en la tradición de pensamiento concebido para crear una nación nueva, independiente y cul­ta, lo que se puede percibir en la crónica que el Apóstol escribió sobre su maestro en 1891, a so­licitud del director de El Porvenir, y en la cual lo recuerda inmerso en conspiraciones, al tiempo que se ocupaba en convertir el hogar en centro de reuniones literarias y de fervor patriótico.

No puede perderse de vista que la formación del joven Martí es resultado de un proceso en el cual desempeña un papel relevante la tradición patriótica y pedagógica de la primera mitad del siglo xix, cuyo legado supo aprehender de forma creadora y original. Cuba fue en aquella época escenario de grandes debates y reflexiones acer­ca de la educación científica y la búsqueda de un pensamiento propio asentado en presupuestos de justicia, principios éticos y convicciones polí­ticas emancipadoras.

De este modo el Martí que vive en España entre 1871 y 1874 estaba centrado en con­seguir la independencia para una vez alcanzada, dotar a Cuba de un determinado sistema político a partir de las condiciones específicas en que se desenvolvía su patria, y aun cuando se dispuso a aprender la lección del liberalismo español, como se eviden­cia en su alegato “La República española ante la Revolución Cubana” (1873), demuestra el grado de penetración política a que era capaz de lle­gar desde la arrancada de sus afanes patrióticos. Es precisamente en este ensayo que aparece por primera vez el tema de la tradición vinculado al concepto de Patria, que constituye según él, además de comunidad de intereses, unidad de fines y fusión dulcísima de amores y esperan­zas, unidad de tradiciones, de modo que la tra­dición– elemento esencial de la cultura–,es algo que inevitablemente separaría siempre a Cuba y España, y estaba en el mismo centro de su noción de Patria. Por estas razones la especificidad de la realidad cubana ante el modelo de república entonces paradigmático de los Estados Unidos, le hace expresar justamente en unos apuntes que la vía de solución a los problemas cubanos no puede ser la copia de ese modelo, porque aun cuando le ha proporcionado a la nación norteña un alto grado de prosperidad, también “lo han elevado al más alto grado de corrupción”1, lo cual le hace afirmar a sus 18 años que la repú­blica estadounidense no puede ser por ningún concepto la nuestra.2

Es interesante comprobar que un año des­pués de la Comuna de París, en 1872, su mentor y maestro, Rafael María de Mendive, manifes­tó similares muestras de rechazo a la situación social que atravesaba la población indigente de Norteamérica en un poema titulado “Un socia­lista hambriento”3, en el cual dice en su primer párrafo:― ¡Inmundo Nueva York, maldito seas!/ Maldita tu opulencia fementida/Becerro de oro, que haces de la vida/Un mercado de carne sin ideas!Este poema, con el nuevo título de “Un Comunista Hambriento” y algunas otras modi­ficaciones, ninguna de esencia, sería publicado años más tarde en el periódico El Eco de Cuba, de Santiago de Cuba, el 18 de diciembre de 1883 y reproducido en el semanario La Pluma de Guan­tánamo el 22 de diciembre de 1884, en vida aún de su autor.

Llama la atención el similar acento, en Men­dive: ¡Maldita tu opulencia fementida […]!, que en las expresiones de Martí en los apuntes an­tes mencionados: ¡Maldita sea la prosperidad a tanta costa! El mismo reconocimiento de la es­pléndida existencia o del progreso alcanzado, a costa de posponer a la utilidad el sentimien­to, según Martí, y “Un mercado de carnes sin ideas” según Mendive. El poema no solo alude al trascendental hecho histórico que fue la Co­muna de París, sino también es una auténtica revelación acerca de la ciudad de Nueva York en la década del 70 y el tema de la ciudad como espacio de corrupción.

Continuador de una tradición patriótica ini­ciada en el Seminario San Carlos de La Habana por el Padre Félix Varela, Mendive, fue mentor, protector y padre espiritual de Martí que lo evo­caba en 1881 leyendo a sus alumnos periódicos de la Hispanoamérica emancipada que entraban clandestinos a la isla, y en 1891 lo recordaba si­guiendo la marcha de la guerra de independen­cia iniciada por Céspedes. En el Colegio San Pa­blo, Martí y sus condiscípulos portarían durante una semana un brazalete de luto por la muerte de Abraham Lincoln, desafiando el poder colo­nial español. Admirado por sus alumnos como educador, poeta y hombre de bien, dejó una pro­funda y perdurable huella en Martí quien en 1871, antes de su partida al destierro, reveló que gracias a su maestro había tenido fuerzas para sufrir y sentirse verdaderamente hombre.

1 José Martí, Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, Tomo 21, p. 15-16.

2 Los apuntes a los que se hace referencia dicen textual­mente: Los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimien­to.– Nosotros posponemos al sentimiento la utilidad. Y si hay esta diferencia de organización, de vida, de ser, si ellos vendían mientras nosotros llorábamos, si no­sotros reemplazamos su cabeza fría y calculadora por nuestra cabeza imaginativa, y su corazón de algodón y de buques por un corazón tan especial, tan sensible, tan nuevo que sólo puede llamarse corazón cubano, ¿Cómo queréis que nosotros nos lesgislemos por la leyes con que ellos se legislan? Imitemos, ¡No!–Copiemos. ¡No!– Es bueno, nos dicen. Es americano, decimos.–Creemos, porque tenemos ne­cesidad de creer. Nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos asemejarse. La sensibilidad entre nosotros es muy vehemente. La inteligencia es menos positiva, las costumbres son más puras ¿cómo con leyes iguales vamos a regir dos pueblos diferentes? Las leyes americanas han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más alto gra­do de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. ¡Maldita sea la prosperidad a tanta costa! José Martí. Cuadernos de Apuntes. En: Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, Tomo 21, p. 15-16. 3 useo de las Familias (New York), v. I, no. 5, 15 de diciem­bre de 1872, p. 74. Tomado de: Enrique López Mesa. La comunidad cubana de New York: siglo XIX. Centro de Es­tudios Martianos, La Habana, 2002, p. 120.

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