¿Por qué el Moncada?

Articulo Divulgativo Historia

Por María Luisa García Moreno

B 48 julio 20222

Los enemigos de la Cuba revolucionaria se es­fuerzan por intentar demostrar que la Revolu­ción era innecesaria, que la Cuba de los años cincuenta era un paraíso, que Fulgencio Batista Zaldívar fue un buen presidente, quien, entre otros aportes, propició un gran desarrollo cons­tructivo en el país.

La inmensa mayoría de los cubanos de hoy con­sideramos el asalto a los cuarteles Moncada y Car­los Manuel de Céspedes como la gran clarinada, que llevaría a la insurrección armada y la conquis­ta de la independencia y la soberanía nacionales.

¿Quién tiene la razón?

Tras el golpe de Estado protagonizado por Batista el 10 de marzo de 1952, a las puertas de unas elecciones en las que sin dudas triunfarían el Partido Ortodoxo y su líder Eduardo Chibás Rivas, se agudizaron las contradicciones en la sociedad cubana.

Ciertamente, florecían las construcciones en repartos exclusivos como Miramar y nacían nu­merosos bares, casinos de juego, clubes y hoteles de lujo como el Nacional o el Capri; todo ello con la intención de convertir a La Habana en “Las Vegas de Latinoamérica”, por supuesto, con el apoyo de gánsters como Sam Giancana —amigo personal de Batista—, Frank Costello, Lucky Lu­ciano o Meyer Lansky.

En contraste, se evidenciaba la crítica situación del pueblo y, en particular, del campesinado cuba­no. A ello se refirió Fidel en La historia me absolverá:

[…] Hay doscientas mil familias campesinas que no tienen una vara de tierra donde sem­brar unas viandas para sus hambrientos hi­jos y, en cambio, permanecen sin cultivar, en manos de poderosos intereses, cerca de tres­cientas mil caballerías de tierras productivas. Si Cuba es un país eminentemente agrícola, si su población es en gran parte campesina, si la ciudad depende del campo, si el campo hizo la independencia, si la grandeza y prosperi­dad de nuestra nación depende de un campe­sinado saludable y vigoroso que ame y sepa cultivar la tierra, de un Estado que lo proteja y lo oriente, ¿cómo es posible que continúe este estado de cosas?3

Se refirió también Fidel en su histórica autode­fensa a “la perenne amenaza del desalojo” para los pequeños agricultores y al hecho de que las mejores tierras permanecían en manos extran­jeras; a la existencia de doscientos mil bohíos y chozas, y miles de barracones, cuarterías y sola­res sin las más elementales condiciones de higie­ne y salud. Aludió a los exorbitantes alquileres de las viviendas, así como a la carencia de agua y electricidad. Trató acerca de la escasez de indus­trias en el país: “Salvo unas cuantas industrias alimenticias, madereras y textiles, Cuba sigue siendo una factoría productora de materia pri­ma. Se exporta azúcar para importar caramelos, se exportan cueros para importar zapatos, se ex­porta hierro para importar arados […]”,4 y resu­mió su programa revolucionario:

El problema de la tierra, el problema de la in­dustrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema dela educación y el problema de la salud del pueblo; he ahí concretados los seis puntos a cuya solución se hubieran encaminado re­sueltamente nuestros esfuerzos, junto con la conquista de las libertades públicas y la de­mocracia política”.5

Quedarían muchas aristas del tema por abor­dar; pero hay uno que no puede olvidarse, que por sí solo bastaría para entender la necesidad de la Revolución Cubana. Me refiero a los críme­nes cometidos por Batista y sus secuaces: duran­te la dictadura fueron asesinados más de veinte mil cubanos.6 Lo ocurrido en el Moncada es solo una muestra, Fidel lo relató así:

[…] la matanza en masa de prisioneros no co­menzó hasta pasadas las 3:00 de la tarde […] Llegó entonces de La Habana el general Martín Díaz Tamayo, quien trajo instrucciones concre­tas salidas de una reunión donde se encontraban Batista, el jefe del Ejército, el jefe del SIM, el propio Díaz Tamayo y otros. Dijo que ‘era una vergüenza y un deshonor para el Ejército haber tenido en el combate tres veces más bajas que los atacantes y que había que matar diez prisioneros por cada soldado muerto’. ¡Esa fue la orden!7

¿Has visto las películas “Clandestinos” o “Ciu­dad en rojo”? Pues narran hechos reales.

¿Sabes quiénes fueron Esteban Ventura, Pilar García, Rolando Masferrer, los Salas Cañizares, Fermín Cowley, Conrado Carratalá, OrlandPiedra o Alberto del Río Chaviano? Son solo al­gunos, quizás los más “famosos” torturadores y asesinos de Batista. ¿Has visto las fotos de los torturados y asesinados? Son impresionantes. ¿Has visto las fotos de un niño de trece años que juega con cráneos humanos? Se los facilitaba su padre, el esbirro ElizardoNecolardes Rojas. Las madres cubanas vivían en perenne preocupa­ción por las vidas de sus hijos. ¿Es acaso esa la Cuba en la que quieres vivir?

Basta esta mínima información para compren­der por qué los cubanos de la Generación del Centenario se alzaron en armas para derrocar un régimen anticonstitucional —recuerda que Batista llegó a la presidencia mediante un golpe de Estado— y por qué la Revolución triunfan­te —que somos la inmensa mayoría de los cuba­nos— luchamos y trabajamos para construir un país mejor.

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