Poéticas del sacrificio en la obra de los hermanos Saíz

Articulo Científico

Por Raúl Escalona Abella*

*Profesor de la Facultad de Comunicación y editor de la revista Honda

El 13 de agosto de 1957 fueron asesinados los hermanos Luis y Sergio Saíz Montes de Oca. El crimen es testigo horrendo de lo que signi­ficó la tiranía batistiana para el pueblo cubano. Luis y Sergio eran coordinador y jefe de acción y sabotaje, respectivamente, del Movimiento 26 de Julio en San Juan y Martínez. Su patriotismo medular los había conducido a llevar una impre­sionante actividad revolucionaria en ese término municipal de la provincia de Pinar del Río.

Aunque muy jóvenes —Luis tenía 18 años y Sergio, 17—, simultánea a su actividad política habían desarrollado una producción literaria y de pensamiento significativa. Destaca particu­larmente el carácter de su obra poética, imbuida por las preocupaciones de su momento históri­co, así como por imágenes que remiten directa­mente a una ética del sacrificio.

I

En el poema “Brisa nueva”,1 de Luis Saíz, y fecha­do de julio de 1957, desde el propio título se indica la asociación de dos elementos: la naturaleza y lo nuevo. Dar la propiedad de nueva a la brisa coloca la transformación como curso mismo de lo natu­ral. El poema recurre a elementos naturales como tropos de la transformación, el futuro y la lucha: Cuando los soles alientan gestos / elevando el Mundo hasta su hoy / (cansino, fúnebre y turbio); // cuando ocurre un instante sin derrota, / para quebrar crista­les ya sin brillo / y hombres manchados de pasado…

En la primera estrofa hallamos la síntesis del mundo que rodea al poeta —cansino, fúnebre, turbio— y en la siguiente se resume la tarea a realizar —quebrar cristales ya sin brillo y hombres manchados de pasado—. Luego transcurre el recla­mo de la brisa nueva: cuando nervios nuevos pi­den brisa nueva / ¡brisa nueva para gritos puros!; / entonces la voz no debe pasearse sola, (…) / entonces la voz no anda huérfana, / y vibra en notas diferen­tes […]. Hay una ruptura de la soledad basa­da en la sola sensación de lo nuevo, que cobra vida en sí y se trasmuta en la seguridad de que será siempre mejor. Lo nuevo tiene una necesi­dad de existir provocada por la afrenta que es la existencia de lo viejo. El Mundo cansino, fúnebre y turbio se antepone al mundo nuevo y la brisa que lo anticipa. La brisa es metáfora del cam­bio, pero también de la bondad que representa. La brisa no es ventisca, ni tormenta, es delicada en su modo de irrumpir y es esta una selección metafórica interesante, porque todo proceso de transformación revolucionaria es asociado a las rupturas tormentosas y convulsas. Sin embargo, el recurso elegido por el poeta es el de la frescu­ra y amabilidad de la brisa, elemento que en la tercera estrofa se enriquece con el carácter “pri­maveral” concedido al futuro: Brisas nuevas para esa hornada escasa en primaveras, / tiempo en parto de arrollantes gestos / para fundir el plomo de las fal­sas estatuas / y arrancar del hondón en que yacían los justos valores de una tierra.

Otro punto de disputa, presente en el fragmento anterior es la disputa por la verdad. La referencia a fundir el plomo de las falsas estatuas, en la cuarta estrofa; y a sobre los ídolos de barro / (voces de pavo real vistoso) / rotos, sucios y cobardes, en la octava estrofa y final; evoca la pugna sobre lo verdadero, cuyo lenguaje —de ídolos y estatuas— recuerda las impugnaciones bíblicas a los fariseos. La evo­cación de la verdadera fe descubre la conversión de la militancia política en un tipo de religiosidad, en la que esta se relaciona y se entremezcla. La verdad se halla del lado del poeta.

En el poema parece observarse un digno home­naje a Rubén Martínez Villena: ¡Carga de palmeras en nostalgia; / de bohío mil veces en hipócrita / de jinetes viejos sobre potros destetados, / en el hoy que clama por futuros. El homenaje a la carga evocada por Rubén en su “Mensaje lírico-civil” habla también de la posición poética y política de su autor. La carga, que evoca el problema de la tierra, es también una reconexión con el pasado de lucha mambí, una re­cuperación de las luchas independentistas para la lucha inmediata del poeta.

Sin embargo, el llamado que el poema proyecta no se limita al entorno de la nación cubana, sino que se incluye una proyección latinoamericana en la séptima estrofa: y hubo que lanzarse en ochenta y cuatro gestos / sobre el verde que une ambos amores (de azteca fiero y siboney callado) / Cuauhtémoc y Hatuey, en idéntico aliento / para comprender que estabas vivo, / pero todo lo ha valido / este hoy distinto que agarrota los músculos / y destaca la fe en nuestra tierra []. En esta estrofa, la proyección continental se entrelaza a esperanza en el sacrificio — pero todo lo ha valido— para culminar en la fe nuevamente, como garantía de ese mismo sacrificio.

Este poema trasmite la sensación de la tran­sición necesaria que la Cuba de los cincuenta preludiaba. La noción de podredumbre en lo vigente transportaba al futuro la convicción de mejoramiento, colocaba la fe y la convicción en la verdad como salidas a la situación imperante y usaba el sacrificio como camino y destino in­eludible. Solo en esa comprensión se estaba vivo.

Que este modo de entender el problema na­cional emerja en la poesía de Luis Saíz, trans­porta el proceso vivido en los cincuenta como la pugna entre los hombres machados de pasado y las manos anchas de hombres sin ayer. Y quizás sea esta una de las contradicciones fundamentales de este texto. La mirada de lo nuevo, produce su presente como atado a lo viejo, lo paradójico es que de ese mundo viejo forman parte también los elementos inspiradores de lo nuevo —Martí, Rubén, las luchas independentistas—, porque lo nuevo y lo viejo no son totalidades cerradas, en el pasado puede encontrarse lo nuevo irrealiza­do —el sueño martiano—, y en el futuro pueden hallarse permanencias de lo viejo. Nuevo y viejo no son categorías temporales, sino morales y po­líticas. De ahí que finalice el poema: las manos an­chas de hombres sin ayer / (clavadas en lo más firme de su historia) / hablan, sobre el mundo nuevo, / ¡el verbo recién descubierto para vengar afrentas

II

En “Un viento desvergonzado y malo”, de mayo de 1957, Sergio Saíz toma la voz de Cuba para relatar la situación de vejación y ultraje en que se encuentra: un viento desvergonzado y malo / golpeó mi rostro con dureza de cadenas, / jugueteó con mi cuerpo un poco, / y se marchó. Como reseña Luis Beiro Álvarez, en su breve biografía Luis y Sergio. Los hermanos Saíz, es recurrente tanto en los ma­nifiestos políticos, como en los poemas la com­paración del batistato con la prostitución (con toda la condena moral subsecuente):

Vuelve, viento, yo te pido / vuelve y trae mi ale­gría, / devuelve lo que te llevaste / aquella noche de marzo. Esta estrofa hace alusión al momento fa­tídico: el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952. El uso de recursos cromáticos como la oposición verde-rojo (yo era verde, hoy soy roja / aunque en mi seno sintiera el dolor de un hambre fría, / yo era verde y era alegre, / hoy soy roja y estoy triste.), señala la sangre con que se quiere representar el orden devenido del golpe de Estado.

El poeta asume la voz de Cuba, lacrimosa y desdichada en el inicio del texto, declamando cada una de sus desgracias va abarcando los problemas de la nación. La poesía de denun­cia social contenida en este texto, más allá de la puerilidad melodramática, refleja una inquietud generacional. Imbuida de amplios sentimientos morales atados a la vieja república, los que no le impiden ver, sino todo lo contrario, la necesidad de un futuro diferente. Es particularmente des­tacable el pasaje dedicado a la lucha en la Sierra Maestra: mis montañas altas y duras / miraban al mundo con ansias, / hoy violadas por un lado, / hoy honradas por el otro, / parecen vestirse de rojo, / por culpa de un viento sucio.

No obstante, el viento es una metáfora de doble significación, porque si bien es el viento quien po­see la propiedad de llevar la humillación, el veja­men, la ofensa, es también este quien trae la posibi­lidad de restaurar todo honor perdido; de ahí que la voz poética reclame continuamente que regrese y restablezca lo que destruyó: vuelve y vete, / viento sucio, / vuelve y trae mi alegría, / vete y lleva contigo todo lo podrido del mundo, / vuelve y trae otros vientos, / vientos lindos, de justicia, / vientos que no permitan, una noche anterior, / vientos que griten al aire el poder de los humildes, / vientos que tiren al suelo, todo mal y la injusticia.

III

Como miembros destacados de una generación, en la obra de los hermanos Saíz hallamos la ética y la poética del sacrificio que imbuyeron a una generación de cubanos y cubanas y los lanzaron hacia la abnegación y el sacrificio de sí mismos para la construcción de un futuro que pretendía ser superior. Contradicciones como nuevo/vie­jo, sano/podrido, vida/muerte, bien/mal, día/ noche, etc… serán elementos sustanciales de su poética, que constituyen hermoso testimonio del sentir de aquellos que se entregaron a la Revolu­ción y murieron por ella.

1 La Generación de los Años 50, Selección de Luis Suardiaz y David Chericián, Editorial Letras Cubanas, La Haba­na, Cuba, 1984, pp. 59-60.

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