PATRIA DE MARTÍ

Articulo Científico

Por Ibrahim Hidalgo Paz

Doctor en Ciencias Históricas. Miembro de la Academia de la Historia de Cuba. Investigador del Centro de Estudios Martianos. Premio Nacional de Historia, 2009.

El periódico Patria, bajo la dirección de José Martí, no fue el órgano oficial del Partido Revo­lucionario Cubano (PRC). Este es un tema que he tratado en ocasiones anteriores y en el que insisto, porque se repite frecuentemente el error de atri­buirle tal condición o el de referirse a esta publi­cación como si no hubiera presentado cambio alguno después de la muerte de su fundador.

Es cierto que, desde su aparición, se destacó por encima de otras publicaciones del momen­to, no solo por la calidad de sus escritos y el di­namismo que supo imprimirle el Maestro, sino porque la mayoría de los patriotas consideraban que sus páginas expresaban con mayor rigor y belleza las ideas rectoras de la nueva etapa re­volucionaria. Pero el rigor histórico exige precisiones que no debemos soslayar. Debe repararse en que el primer número de Patria apareció el 14 de marzo y la proclamación del PRC ocurrió el 10 de abril de 1892, por lo que resulta contradic­torio que antes de que este se constituyera, un periódico tomara para sí y por sí, sin que nadie le confiriera tal condición, la responsabilidad de representarlo.

La confusión pretendió introducirla Enrique Trujillo desde su periódico El Porvenir, al calificar al periódico martiano como “órgano” del partido, en un saludo supuestamente desprovisto de se­gundas intenciones. Sin embargo, no era posible que Martí admitiera aquellas palabras sin darles respuesta, pues era bien conocida la posición de Trujillo contraria a la obra política del Maestro, por lo que en la segunda entrega del semanario fue incluido su artículo “Patria: no ‘órgano’”, en el que niega que el periódico haría suya tal función, pues resulta evidente que no podían asumirse las tareas “de un partido que está aún en creación”.

No se trataba de un asunto intrascendente cuan­do se gestaba la organización patriótica, pues las pugnas entre personalidades que se arrogaban atribuciones indebidas hizo de las emigraciones un campo propicio al divisionismo desde la eta­pa de la Guerra de los Diez Años. Era sabido que Martí había propuesto la fundación del nuevo aparato político y que encabezaba la Comisión Recomendadora de las Bases del Partido Revolucio­nario Cubano y sus Estatutos Secretos, cuyas aproba­ciones constituían el paso inicial para formar par­te de la nueva agrupación, por lo que si permitía que se le atribuyera a su periódico un deliberado interés por convertirse en órgano de la institución que se gestaba, cualquier malintencionado podría iniciar una campaña —como hizo Trujillo— en la que tras formulaciones más o menos veladas se insinuaba que el Apóstol creaba la organización con el objetivo de encumbrar su persona, erigirse en centro absoluto y acaparar para sí toda la falsa gloria de un dictador demagogo. Nada más ale­jado de la limpia actuación de quien hizo de su vida un ejemplo de pensamiento democrático y de entrega desinteresada.

Después de proclamado el Partido, tampoco era acertado atribuirle a Patria el carácter de órga­no, pues con ello asumiría una posición que pon­dría en desventaja a los demás periódicos de las emigraciones, portavoces de los revolucionarios de las localidades que les habían dado vida. Si el nuevo vehículo formativo e informativo asumía el carác­ter que le señalaba El Porvenir, cuanto publicara sería conside­rado como declaración oficial, lo que contradecía el propósito de Martí, quien, por el contrario, aspiraba a que en las páginas del perió­dico fueran tratados, sin limitación alguna, temas en los que no todos los miembros de la agrupa­ción coincidían —entre ellos se hallaban, entre otros, el racismo, los peligros del expansionismo estadounidense, el anarquismo o la posición de la mujer en la sociedad—, cuya exposición deven­dría incitación al intercambio, al diálogo, a la po­lémica, sin posibles confusiones con orientacio­nes institucionales, que generalmente aparecían en los documentos del Partido, reproducidos en diversos medios.

En un artículo publicado el 30 de abril de 1892, Martí amplió las ideas antes expuestas y analizó que “[…] Abrir al desorden el pensamiento del Partido Revolucionario Cubano sería tan funesto como reducir su pensamiento a una unanimidad imposible en un pueblo compuesto de distintos factores […]”;1 se lograría la unidad ideológica de sus integrantes mediante publicaciones opor­tunas, sobre las que cada cual tendría el derecho a emitir sus opiniones, respetadas por todos, y cuya rigurosa exposición, y el debate consecuen­te, contribuiría a la formación de los ciudadanos de la República futura.

Otras, muy diferentes, fueron las concepcio­nes de quien ocupó la máxima dirección parti­dista tras la muerte de Martí. Entre las múltiples transformaciones impuestas por Tomás Estrada Palma se encuentra la transformación de Patria en “Organo Oficial de la Delegación del Partido Revolucionario Cubano”, como aparece expre­sado en el número 176 de la publicación, corres­pondiente al 24 de agosto de 1895. Es por ello un notable error ―que implica desconocimiento histórico y ligereza conceptual― insistir en atri­buirle méritos inmerecidos a quien traicionó la confianza del pueblo. El cambio de denomina­ción no debe ser considerado asunto intrascen­dente, pues fue una de las manifestaciones de la orientación antidemocrática que caracterizaría a la organización bajo su nuevo dirigente, quien ­no confiaba en la capacidad de los cubanos para alcanzar por sí mismos la independen­cia y construir una sociedad de justicia y dignidad, como la que había esbozado Martí en múltiples textos que servirían de inspiración a las generaciones futuras para luchar contra la opresión foránea, hasta alcanzar la verdadera y definitiva independencia, y abrir la posibilidad de construir la “república nueva” concebida por el Maestro, que hoy su pueblo se empeña en construir.

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