MARÍA DEL CARMEN BARCIA Y LA HISTORIA

Articulo Científico

La destacada profesora y escritora cubana, quien fue directora de la Escuela de Historia, ofrece al­gunos criterios acerca del pasado, el presente y el futuro de la profesión.

Los historiadores siempre hemos afirmado que el tra­bajo de investigación histórica es enriquecedor de la docencia. ¿Cómo ambas funciones se han complemen­tado en su carrera?

Yo no concibo la investigación sin la docencia. Cuando enseñas a nivel universitario, proyec­tas tus ideas, tus hallazgos y los confrontas. La visión del otro siempre te enriquece. La vincu­lación con el aula te obliga a una permanente actualización teórica y metodológica, a estar al día en las discusiones internacionales y, lo que es más importante, a mantener una mente joven y fresca. Siempre repito que la edad, más que cro­nológica, es una actitud mental ante la vida.

Mis temas de investigación no han estado in­fluidos por la docencia. Creo que, de una forma u otra, he seguido un hilo conductor que ha tenido que ver con mi formación y mis intereses perso­nales. Llegué a los estudios de la esclavitud mo­derna por mi formación teórica en la esclavitud clásica. Llegué al estudio de las capas populares a partir del estudio de las elites. Me introduje en la historia social, porque considero que solo si se profundiza en sus temas se pueden encontrar ex­plicaciones para una historia política más cabal.

Partiendo de su experiencia anterior en los diseños de planes de estudio, ¿cómo evaluaría el panorama uni­versitario actual, especialmente en la carrera de His­toria? ¿Tiene algunos consejos para contribuir a la formación del historiador en la actualidad?

La formación actual de los historiadores debe ser repensada. Años atrás, el nivel de ingreso era otroy teníamos dos años de especialización. De hecho, cuando se graduaban como licenciados, tenían el nivel que en la actualidad tiene un máster. Des­pués se eliminó la especialización, al considerar que los graduados debían tener un nivel general de formación. Creo que la enseñanza universitaria tiene que pensarse como sistema, que las maestrías debe suceder de inmediato a las licenciaturas y ser continuadas seguidamente en los doctorados cu­rriculares, lo cual implica un rejuvenecimiento de los profesionales que acceden al posgrado.

Habría que pensar en una carrera de Ciencias Sociales que tuviera años básicos para la forma­ción de sociólogos, antropólogos, arqueólogos, historiadores y que, a partir de un año, que pu­diera ser el tercero, se continuaran estas especiali­zaciones, que cada vez se enlazan más. Un histo­riador actual tiene que tener una sólida formación en diversas ramas de las ciencias sociales.

¿Cómo evaluaría a la historiografía cubana de los úl­timos 20 años? ¿Qué le augura a la ciencia histórica cubana del futuro?

Considero que nuestra historiografía goza de muy buena salud. En los últimos 20 años, a pesar de las dificultades, se han publicado excelentes libros y, lo que es mejor aún, con un reemplazo generacional que destaca por su calidad. Lamen­to, sin embargo, que sea poco conocida a nivel internacional. Para su mayor divulgación pudie­ran hacerse esfuerzos en el canje de libros, que beneficiarían a todas las partes involucradas.

Con respecto al futuro de la historia, y muy a pesar de los posmodernistas desde Francis Fukuyama hasta Keith Jenkins, que decidieron que había terminado, vemos, sin sorpresa, que goza de excelente salud y que seguirá tratando de reconstruir el pasado, para explicar el presen­te y alertar, ya que no proyectar, cuestión que sería sumamente atrevida, el future. 1 Fragmentos tomados de Mercedes García Rodríguez: “María del Carmen Barcia: una historia con tres amo­res”, en Juventud Rebelde, 6 de febrero del 2010.

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