LA UNIDAD EN EL PENSAMIENTO POLÍTICO DE JOSÉ ANTONIO ECHEVERRÍA

Articulo Científico

Rafael Ramírez García e Irene Portuondo Pajón

* Dr. C. Históricas. Profesor titular Academia de las FAR General Máximo Gómez. Miembro de la UNHIC.

** M. Sc. y profesora auxiliar Facultad de Ciencias Médicas Calixto García.

B. 48, julio 2022

Próximo a conmemorarse el 90 aniversario del natalicio de José Antonio Echeverría, constituye una necesidad histórica el conocimiento de las ideas revolucionarias del “eterno presidente de la Federación Estudiantil Universitaria” (FEU).

Al revisar sus papeles, se aprecia una referen­cia constante al tema de la unidad como vía para dar solución a los problemas del país. En esa lu­cha, se distinguen dos momentos importantes: uno, como miembro o presidente de la FEU y el otro, asumiendo a la vez, la condición de secreta­rio general del Directorio Revolucionario.

El primero de ellos se extiende desde el golpe de Estado de 1952, cuando aún no era presidente de la FEU,1sino un fiel activista de la organización, has­ta fines de 1955, año en que se desarrolló la huelga azucarera. En este periodo, se pronunció funda­mentalmente acerca de la farsa electoral del 1.º de noviembre de 1954, el proyecto de canal Vía-Cuba, la lucha por la amnistía de los moncadistas presos en la Isla de Pinos, así como el apoyo a los reclamos de los azucareros cubanos en 1955.

Tras conocer del golpe de Estado, la FEU no solo fue a pedirle armas al presidente Carlos Prío para combatir a los golpistas, sino que cuatro días después, realizó su Declaración de principios, en la que exponía que no favorecía a ningún grupo y sí al “imperio de la Constitución, de la soberanía popular y del decoro ciudadano”. Por ello, convo­có a la unidad en torno a la FEU como “palabra de orden”, 2 en beneficio de la República.

El 30 de septiembre de 1954, Echeverría fue elegido presidente de la FEU. Su arribo a este cargo —escribió Juan Nuiry Sánchez— “[…] tra­za una línea ascendente del estudiantado en la dirección del movimiento estudiantil, dando ini­cio a un periodo de radicalización”.3

En el plano nacional, esto se expresó en el combate la dictadura de Batista y sus males, y en lo internacional, fundamentalmente, en la so­lidaridad militante con la lucha de los pueblos latinoamericanos: “Era casi cotidiano el virtual respaldo y actos de solidaridad con el Puerto Rico de Albizu Campos, o con la Guatemala de Arbenz, así como el repudio estudiantil a aquel zoológico de sátrapas latinoamericanos como Stroessner, en Paraguay, Trujillo en República Dominicana, y Odria, en Perú. Igualmente, la re­pulsa a Castillo de Armas en su triste papel de títere interventor en Guatemala”.4

A finales de 1954, y tras las elecciones del 1.º de noviembre para legalizar el golpe, José Antonio radicalizó sus ideas y expuso que el único camino para la paz en Cuba era la revo­lución, entendiendo por esta, algo más que la acción insurgente, es decir, se requería, además, una transformación radical de la sociedad.

Desde inicios de 1955, Echeverría y varios de sus compañeros pusieron de manifiesto que la solidaridad con la lucha de los pueblos latinoa­mericanos no era solo una consigna. Ante la in­vasión somocista contra Costa Rica, marcharon a ese país para defender, con las armas en la mano, el gobierno de José Figueres (Costa Rica, 1906-1990).5

El 24 de febrero de 1955, luego de que Batista asumiera la presidencia de la nación, legalizada por las elecciones del año anterior, José Antonio hizo declaraciones a la prensa en las que expre­saba su confianza en que la unidad del estudian­tado y la juventud, junto a la clase obrera, los campesinos y profesionales, lograrían plasmar los ideales revolucionarios de los que se habían levantado en armas en igual fecha de 1895.

Consecuente con estas ideas, un mes después, se manifestó a favor de la amnistía de los mon­cadistas. Consciente del poder del pueblo como vía para obligar al régimen a liberar a los presos, declaró en una entrevista la necesidad de unir todas las fuerzas para “rescatar a nuestros her­manos de las extrañas del monstruo”.6

Para finales de noviembre de 1955, con el Di­rectorio ya creado, se sentaron las bases para un nuevo modo de actuación en aras de la unidad. Los actos en conmemoración del aniversario del fusilamiento de los estudiantes de Medicina fue­ron momento idóneo para que la nueva organi­zación manifestase su existencia. En la noche del 27 de noviembre, en la clau­sura del acto por la efeméri­de, José Antonio expresó que “[…] la FEU debe superar la si­tuación que presentan las organiza­ciones políticas de oposición e incluso el medio universitario, desbordando el ámbito del Alma Mater, haciendo suyos los problemas políticos, económicos y sociales de las grandes mayorías nacionales”.7

Ese salto se expuso el 24 de febrero de 1956, en la carta abierta en que se hacía pública la crea­ción del Directorio Revolucionario. A partir de ese momento, la lucha política que había carac­terizado a la FEU se complementaba con la lucha armada fuera de los muros de la Universidad. Para ello convocaba “[…] a la necesaria fraterni­dad revolucionaria de todos los elementos viri­les, al estudiante aguerrido, al obrero recio, a la mujer insumisa, al propietario justo, al soldado que repudia el crimen, al campesinado olvida­do, ¡a todos!”8

Como bien escribió Julio García Oliveras, con la creación del aparato insurreccional del movi­miento estudiantil “[…] la etapa del enfrenta­miento político con huelgas y manifestaciones, con estudiantes heridos y presos, iba a quedar atrás. Iniciaríamos los preparativos para accio­nes armadas organizadas”.9

El año 1956 fue considerado por José Antonio como de la liberación total de Cuba. Marzo cons­tituyó un mes de activa lucha frente a la dictadura de Batista, en específico, enfrentando los planes conspirativos contra este, del tirano dominicano Rafael Leónidas Trujillo y militares cubanos.

En su discurso “Contra las dictaduras de América”, pronunciado el día 9 de ese mes en la clausura del acto en el Aula Magna de la Univer­sidad, expresó: “A pesar de la dura realidad ve­mos que los pueblos se alzan y en la convulsión de nuestras repúblicas americanas los hombres se unen y se dan a la tarea de la obra grande con­tra las dictaduras de América y contra los ene­migos de nuestros pueblos”.10

Consecuente con estas ideas, José Antonio, en carta abierta a los militares a nombre de la FEU, manifestó su apoyo a los militares participantes en la “cons­piración de los puros”, a la vez que cuestionó la cobardía del régimen ante los planes conspirati­vos trujillistas. De igual modo, convocó a los mi­litares para que se unieran “[…] a la acción uni­da y militante del pueblo contra el régimen”.11

Colofón de esta lucha por la unidad lo cons­tituyó la firma por Fidel y José Antonio de la “Carta de México”, el 30 de agosto de 1956. En ese documento, ambos dirigentes, a nombre del Movimiento 26 de Julio y la FEU respectiva­mente, no solo denunciaban los planes del dic­tador Trujillo, sino también la actitud traidora y cobarde de Batista. Por tales razones, ambas organizaciones hacían suya “[…] la consigna de unir las fuerzas revolucionarias, morales y cívi­cas del país, a los estudiantes, los obreros y las organizaciones juveniles y a todos los hombres dignos de Cuba, para que nos secunden en esta lucha, que está firmada con la decisión de morir o triunfar”.12

El ajusticiamiento del coronel Antonio Blanco Rico, jefe del Servicio de Inteligencia Militar y la serie de acciones que desembocaron en los suce­sos del 13 de marzo de 1957, confirman el empe­ño puesto por el líder estudiantil y sus compa­ñeros, para cumplir el compromiso contraído al firmar el documento antes citado. Sus palabras por Radio Reloj y su testamento político, legaban a la posteridad un último mensaje de unidad: “es la acción del pueblo la que será decisiva”13 para alcanzar el triunfo.

1 El 30 de septiembre de ese año, José Antonio ocupó el car­go de presidente de la FEU por sustitución reglamentaria, al graduarse Benigno Arbezo, presidente en 2 “Declaración de principios de la Federación Estudiantil Uni­versitaria”, en Hilda Natalia Berdayes García (comp.): Pape­les del presidente, Casa Editora Abril, La Habana, 2006, p. 13 y 15. Aunque José Antonio no era el presidente de la FEU, fue uno de los firmantes del documento.

3 Juan Nuiry Sánchez: ¡Presente!, Editorial de Ciencias So­ciales, La Habana, 1988, p. 86.

4 Juan Nuiry Sánchez. Ob. cit., p. 67.

5 Presidente entre 1953-1958 y entre 1970-1974. Símbolo de la izquierda “democrática” anticomunista en Améri­ca Latina, como tal respaldó diplomáticamente la mayor parte de las agresiones de Estados Unidos contra Cuba.

6 Declaraciones a la prensa, 27 de marzo de 1955. Aunque José Antonio no era el presidente de la FEU, fue uno de los firmantes del documento.

7 René Anillo Capote: Que nuestra sangre señale el camino, Casa Editora Abril, La Habana, 2011, p. 186.

8 “Carta abierta de la FEU al pueblo de Cuba”, 24 de fe­brero de 1956, en Hilda Natalia Berdayes: Ob. cit., p. 62.

9 Julio García Oliveras: Contra Batista, Editorial de Cien­cias Sociales, La Habana, 2008, p. 223.

10 Contra las dictaduras de América”, 9 de marzo de 1956, en Hilda Natalia Berdayes: Ob. cit., p. 69.

11 “Carta abierta a los militares y al pueblo de Cuba”, abril de 1956, en Hilda Natalia Berdayes: Ob. cit., p. 74.

12 “Carta de México”, 30 de agosto de 1956, en Hilda Na­talia Berdayes: Ob. cit., p. 86.

13 “Testamento Político”, 13 de marzo de 1957, en Hilda Natalia Berdayes: Ob. cit., p. 87.

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