LA ESCUELA DE HISTORIA: SU NACIMIENTO EN NUESTRAS UNIVERSIDADES

Articulo Científico

Por Francisca López Civeira

Doctora en Ciencias Históricas. Miembro del Secreta­riado de la Unhic. Premio Nacional de Historia.

El 10 de enero de 1962 se promulgó la Ley de Re­forma de la Enseñanza Superior. Ese día también se nombró a Juan Marinello como rector ejecuti­vo de la Universidad de La Habana. ¿Qué sim­bolismo tuvieron esas dos decisiones? Ese día se conmemora el asesinato en 1929 de Julio Anto­nio Mella, joven que fue líder en el movimien­to por la reforma universitaria que detonó en la Universidad habanera —única en aquel momen­to en el país— en diciembre de 1922, cuando los estudiantes también crearon la FEU.

La fecha estaba muy justamente seleccionada: la lucha por una universidad científica, que pu­diera estar al servicio de la sociedad, en la que no se reprodujeran los vicios y la corrupción que caracterizaban al sistema político cubano de aquella República burguesa sometida a la depen­dencia neocolonial, una universidad moderna y con acceso a los sectores populares, había alcan­zado una gran fuerza, pero su joven líder pronto maduró lo suficiente para entender que se trataba de un problema mayor. El pensamiento de Mella evolucionó y esto le llevó a entender que, para los cambios a los que se aspiraba, para hacer lo que ya calificó de “revolución” en la Universidad, ha­bía que hacer una revolución social. Por tanto, el recuerdo y el homenaje a Mella estaban con toda razón presentes en el momento en que se firmaba la ley que daba cumplimiento a esa tarea.

Por otra parte, la presencia de Juan MarinelloVidaurreta también buscaba rescatar la genera­ción impulsora de aquella reforma más de tres décadas atrás. Egresado de la Universidad de La Habana, se vinculó a los movimientos que en­tonces iniciaron el combate contra la corrupción y por una Cuba mejor; la Protesta de los Trece fue el comienzo. Se relacionó con el movimiento pro reforma universitaria por convicción propia y a través de su hermano Felio, primer presiden­te de la FEU en diciembre de 1922 y, por tanto, compañero de Mella en esas lides. Sin duda, Ma­rinello era la persona adecuada para encabezar esta nueva etapa, pues a su historia revoluciona­ria unía su gran calidad intelectual.

El nuevo curso escolar pondría en ejecución la reforma aprobada. El inicio se produjo en la no­che del 9 de febrero, en el Aula Magna, con la presencia del presidente de la República Osval­do Dorticós Torrado, los ministros de Educación —Armando Hart Dávalos— y de Relaciones Ex­teriores —Raúl Roa García—, todos egresados de ese centro de estudios. Además estuvieron profesores y rectores de universidades europeas, más los profesores y alumnos de las facultades de la institución que estrenaba así una nueva es­tructura. En el acto hablaron Marinello y Hart, quienes aludieron al homenaje a Mella que sig­nificaba aquel momento. El rector afirmó que la Universidad cubana impulsaría los objetivos de la Revolución socialista y definió como objetivos de la reforma: abrir las puertas de la enseñanza superior a todos los habitantes de Cuba, sin más requisitos que la capacidad probada; la prepa­ración profesional e ideológica, que asegurara el avance de la Revolución en todos los campos y laorganización de “[…] una enseñanza que comu­nique el raciocinio con el rigor científico y que conjugue la iniciativa con la responsabilidad”, es decir, “una universidad del pueblo, por el pue­blo y para el pueblo”.1 Por su parte, Armando Hart afirmó: “Ha vencido Mella”.

La prensa anunciaba que ese día entraría en vigor la reforma y mostraba expectativas, como expresa el titular de Bohemia: “La reforma da vida a una Universidad para todos”.2 Era el momento del cambio revolucionario en la enseñanza supe­rior que Fidel había estado promoviendo desde el triunfo de la Revolución, cuando planteaba la necesidad de que las universidades no se limi­taran a la impartición de clases, sino que debían ser centros de investigación, de creación de nue­vos conocimientos, además de estar al servicio de la nación con acceso amplio a la población, sin discriminaciones. Esto implicó que en la nue­va universidad se crearan espacios como las fa­cultades obrero campesinas, el sistema de becas y otros. También se incluía la implementación de nuevas especialidades para la formación de profesionales, entre las cuales estuvo la Licencia­tura en Historia.

La reforma contemplaba una nueva estructura de facultades, escuelas y departamentos y, como parte de ello, surgió la Facultad de Humanida­des, que en la Universidad de La Habana tuvo como decano a Elías Entralgo Vallina, y la Escue­la de Historia, cuyo primer director fue Sergio Aguirre Carreras; mientras en la Universidad de Oriente era Francisco Prats Puig. Por prime­ra vez se implementaba la formación profesio­nal de historiadores, que se desempeñarían en el campo de la investigación, al tiempo que se creaba una formación profesoral en la misma disciplina que dependía inicialmente de la pro­pia escuela, donde Fernando Portuondo fue fi­gura principal en la capital.

Hasta ese momento, no había existido una carrera que formara de modo específico a los profesionales de esa disciplina, de ahí que mu­chos de quienes ejercían la profesión de historia­dor eran egresados de carreras como Derecho oMedicina, que era lo más ge­neral. Ahora se producía un cambio fundamental, pues se elaboró un plan de estudio cuyo objetivo era formar historiadores, en el cual se contemplaban asignaturas formativas específicas para las técnicas de investigación en esa rama o el estudio de la historiografía general y cubana, con sus tendencias y autores funda­mentales. También estaban las historias específi­cas por países o regiones y épocas. Es de señalar que se pretendía romper el eurocentrismo que había caracterizado los estudios de historia gene­ral, cuando se incorporaron asignaturas para es­tudiar Asia y África, además de América Latina.

El currículo de asignaturas era amplio e incluía la Historia de la Cultura, que abarcaba arte, litera­tura y filosofía durante ocho semestres. Es cierto que se impartía por tres profesores, es decir, uno por cada campo; pero gracias a esa concepción pu­dimos transitar cuatro años de estudios sobre esas materias tan necesarias y enriquecedoras. Además, gracias a ello disfrutamos de la enseñanza de Ale­jo Carpentier Valmont, Beatriz Maggi Betancourt, Rosario Novoa Luis o Zaida Rodríguez. ¿Cómo ol­vidar que las primeras generaciones tuvimos en las aulas a Hortensia Pichardo Viñals, Olga López, Pe­legrín Torras, Carlos Díaz, Manuel Galich López, Sergio Benvenuto, Carlos Funtanellas, entre otros que ya no nos acompañan?

Sin duda, la reforma universitaria fue un cam­bio fundamental para el nacimiento de la nue­va universidad que propugnaba la Revolución, donde se implementaba —después del gran triunfo que había significado la Campaña de Al­fabetización el año anterior— el propósito que había enunciado Fidel el 15 de enero de 1960: “El futuro de nuestra patria tiene que ser necesaria­mente un futuro de hombres de ciencia, tiene que ser un futuro de hombres de pensamien­to, porque precisamente es lo que más estamos sembrando; lo que más estamos sembrando son oportunidades a la inteligencia […]”.3

En ese contexto y con esa concepción, nacieron las Escuelas de Historia en nuestras Universidades.

1 “Inauguración del curso en la Universidad”, en Hoy, 10 de febrero de 1962, en Colección facticia, Archivo Cen­tral de la Universidad de La Habana.

2 Entrevista a Juan Marinello, 5 de marzo de 1962 en Ar­chivo Central de la Universidad de La Habana.

3 Fidel Castro: “Discurso pronunciado en el acto celebra­do por la Sociedad Espeleológica de Cuba, en la Acade­mia de Ciencias”, 15 de enero de 1960.

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