Henry Reeve, símbolo de solidaridad

Articulo Divulgativo Historia

Por María Luisa García Moreno

Periodista, editora y escritora.

Henry Reeve, el norteamericano cuyo nombre llevan nuestras brigadas médicas internaciona­les, nació en Brooklyn, Nueva York, el 4 de abril de 1850. No fue el único estadounidense que se sumó al ejército mambí; pero sí quizás el más co­nocido.

Muy joven aún, se enroló en la expedición del vapor Perrit como ordenanza del general Thomas Jordan, que desembarcó el 11 de mayo de 1869 por la península El Ramón, en la bahía de Nipe. Ese mismo día sostuvo su primer combate.

El 27 de mayo de 1869 cayó prisionero junto con otros compañeros en Las Calabazas y fueron sometidos a la pena de fusilamiento en masa; sin embargo, a pesar de que recibió cuatro impactos de bala, pudo escapar a la muerte y arribar al campamento de El Mijial, donde se encontraban fuerzas mambisas.

Repuesto de sus heridas, se trasladó a Cama­güey y, en octubre de 1869, fue nombrado ayu­dante de Jordan, jefe del Estado Mayor General del Ejército Libertador. En marzo de 1871, se subordinó a las fuerzas del mayor general Igna­cio Agramonte, con quien participó, entre otras acciones, en la legendaria carga, protagonizada por 35 bravos a las órdenes del Mayor para res­catar al entonces general de brigada Julio San­guily (8 de octubre de 1871). También combatió en Jimaguayú, donde cayó el Mayor (11 de mayo de 1873).

Se subordinó al nuevo jefe de Camagüey, el mayor general Máximo Gómez, quien lo nom­bró jefe de la 1.a división de la caballería. Con esa tropa participó, entre otros, en el combate de Santa Cruz del Sur (28 de septiembre de 1873), donde recibió heridas graves en una pierna que le provocaron seis meses de convalecencia y le dejaron secuelas. Para continuar activo, emplea­ba una prótesis metálica unida a la extremidad afectada; también se hizo de un dispositivo que lo mantenía firme sobre su cabalgadura. En ju­lio de ese año fue ascendido a coronel y casi seis meses después, el 10 de diciembre de 1873, a ge­neral de brigada.

El 6 de enero de 1875 apoyó el cruce de la tro­cha de Júcaro a Morón del contingente invasor que marchaba hacia Las Villas a las órdenes del Generalísimo y quedó al mando de las fuerzas en Camagüey. Poco después se incorporó a las fuerzas de Gómez. Como jefe de la 2.a división, el 30 de noviembre cruzó el río Hanábana, entró a Matanzas y se convirtió en la vanguardia del contingente invasor. Poco después reorganizó la brigada de Colón y, al frente de ella, libró varios combates.

Las fuerzas de Reeve habían quedado separa­das del resto del contingente invasor; no obstan­te, continuaban combatiendo.

El 3 de agosto, Reeve supo de la cercanía de una columna española y situó una emboscada en Cayo del Inglés, en Yaguramas. Al día siguiente, cuando apareció la vanguardia hispana, ordenó la carga; pero el combate cuerpo a cuerpo resul­tó desfavorable a los mambises que enfrentaban una fuerza cuatro veces superior.

El Inglesito dispuso la retirada y se mantuvo con el grupo que la cubrió, circunstancia en la que recibió dos nuevas heridas y perdió la ca­balgadura, lo que unido a su invalidez lo dejó desamparado frente a los españoles.

A punto de caer en manos del enemigo, el he­roico combatiente decidió reservar para sí su úl­tima bala. Cuando peleó su postrero combate por la libertad de Cuba, el 4 de agosto de 1876, conta­ba con 26 años de edad; durante siete años y tres meses había librado unas cuatrocientas acciones y había crecido desde soldado hasta brigadier del Ejército Libertador por méritos de guerra.

Enrique el Americano, como le llamaba Agra­monte, o el Inglesito, como le decían en el resto de la Isla cubanos y españoles, quedó para siempre sembrado en tierra cubana como símbolo de so­lidaridad. Por eso, su nombre y su ejemplo con­tinúan librando nuevos combates y, al frente de las brigadas médicas internacionalistas cubanas, puede hallársele en cualquier rincón del mundo.

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