Fidel Castro y la importancia de la radio en la lucha revolucionaria

Articulo Científico Historia

Por Abel Aguilera Vega

M. Sc. Investigador del Centro Fidel Castro Ruz.

Fidel Castro es contemporáneo con la radio cubana, la cual llegó a la Isla en 1922, apenas unos años antes de su nacimiento. Décadas des­pués, al iniciarse en la lucha revolucionaria, el joven de Birán comprendería la importancia de este medio para la propagación de las ideas y la movilización de las masas. No obstante, valdría la pena analizar qué acciones influyeron en que este fuera una prioridad para la propaganda del movimiento revolucionario.

La importancia de las estaciones de radio

Para Fidel resultaba muy importante y alecciona­dor observar cómo la prédica y las denuncias de Eduardo Chibás Ribas impactaban e influían en la población y cómo este lograba condicionar la situación política del país empleando principal­mente la radio. El programa político de Chibás y sus arengas generaron un fenómeno de masas y una popularidad no vivida hasta ese entonces por un político en Cuba.

Con posterioridad, otros políticos, también or­todoxos, emplearon con acierto la radio. Fue el caso de José Pardo Llada, quien desde su espacio radial La palabra, a diario fustigaba al gobierno. Otro ejemplo fue el periodista Luis Conte Agüe­ro, quien desde Santiago de Cuba ejercía como comentarista de la Cadena Oriental de Radio y a quien, en el momento más arduo de la batalla contra los auténticos, Chibás llamó “la voz más alta de Oriente”. Ambos deben su notoriedad a la radio.

Para Fidel convivir en este ambiente fue una gran experiencia de la que sacó importantes lec­ciones. Tuvo vínculos cercanos con los tres políti­cos y supo beber de la experiencia para enriquecer su praxis revolucionaria, sin sospechar lo útil que le sería para el resto de su vida política. Décadas después reflexionaría sobre este contexto:

[…] el fenómeno nuevo que se dio con Chi­bás en la radio se repitió con Pardo Llada. Chibás debía su popularidad no solo a una política determinada y a sus luchas de estu­diante contra Machado y Batista, sino a la radio. Desde el momento en que hizo uso de dicho medio de difusión masiva, que podía ser escuchado por millones de personas —y tenía una hora semanal; no era un discur­so hoy, otro dentro de tres meses, sino una hora habitual todos los domingos—, alcan­zó gran ascendencia y popularidad, porque lo escuchaban en las ciudades, en el campo y hasta en las montañas.

[…] El segundo fenómeno, resultado de los medios de difusión masiva, fue Pardo Lla­da, porque al ser un periodista con un doble horario todos los días […] también fue ga­nando crédito entre la gente.1

Si estos hechos lo convencieron de la impor­tancia de contar con un aparato propagandístico fuerte para alcanzar el poder político e intercam­biar con las masas, la repercusión de la muerte de Chibás fue una situación definitoria:

[…] Estaban todos los periódicos, todas las estaciones de radio. Cubrían la noticia las 24 horas. ¿Qué ocurrió cuando las estaciones estaban en el aire todo aquel tiempo? Las grandes cadenas de radio buscaban gente para que hablara, entonces, no había quién lo hiciera, y creo que hablé 12 o 15 veces por las cadenas nacionales. Me di cuenta de la importancia que tenían CMQ, CMKC y las demás estaciones de radio.2

Esto explica por qué, a finales de ese propio año 1951, ya tuvo su propia hora en la radio, des­de la cual fustigaba a los enemigos de la revolu­ción o que en el primer trimestre de 1952 publicó una serie de artículos contra el presidente Carlos Prío Socarrás en el periódico Alerta.

La radio clandestina

El golpe de Estado de marzo de 1952 trastocó el escenario político del país y Fidel tuvo que re­pensar la estrategia para alcanzar el poder po­lítico, pues las vías legales estaban cerradas. La situación no dejaba otra alternativa que organi­zar un movimiento armado, pero para ello era imprescindible contar con un sólido aparato propagandístico. Su vinculación con el periódico clandestino Son los mismos, renombrado El Acu­sador semanas después del cuartelazo, responde a este propósito.

El joven abogado también tenía claro que: “Es mucho lo que hay que decir […] denunciar, es mucho a quienes hay que captar, El Acusador no será suficiente. Es necesario utilizar la radio”.3 Y, cuando las vanguardias políticas no encuen­tran las formas de expresarse por las vías legales, buscan los medios clandestinos. Por eso, recu­rrió a Mario Muñoz Monroy, médico matance­ro y radioaficionado. Ambos eran ortodoxos y se habían conocido en 1948 en el contexto de las elecciones presidenciales a las que se había pre­sentado Chibás. Tras la muerte de este, se reen­contraron y conversaron durante el funeral; pero no sería hasta después del golpe de Estado, que sus caminos se unirían definitivamente.4

En los primeros días de abril de 1952, Fidel via­jó a Matanzas y sostuvo el primero de una serie de encuentros conspirativos con Mario, en esta ocasión en las inmediaciones de las Cuevas de Bellamar. El 23 de dicho mes visitó por primera vez la casa del médico5 y el 4 de mayo repetiría la visita acompañado de Jesús Montané Oropesa y Abel Santamaría Cuadrado, a quien había cono­cido el día 1.o en el cementerio de Colón.

Como resultado de estos encuentros, Fidel convenció a Mario para que le fabricara dos plantas de radio. El médico acometió la tarea con tal rapidez y compromiso que la primera entró en funcionamiento el 8 de mayo durante el ho­menaje realizado en la Universidad de La Haba­na por la muerte de Antonio Guiteras. El equipo fue instalado en Santos Suárez, en la casa de An­tonio Zivskoski. Desde este lugar se realizó una trasmisión en la que habló Fidel.6

Enteradas las autoridades, a causa de una de­lación, ocuparon el medio; pero no pudieron capturar a los responsables. El día 14 de mayo, la revista Alma Mater denunciaba:

En unas declaraciones suscritas por los altos dirigentes de la FEU, denuncian y formulan su protesta por la implantación del ‘méto­do de rehén’, que afirman ha sido puesto en práctica por los agentes policíacos en las personas de Raúl, Luis Maldonado y María Zivskoski, hermanos respectivamente de Fi­del Castro, Francisco Maldonado y Antonio Zivskoski, detenidos el miércoles 14 como rehenes, a fin de poder apresar a los segun­dos por supuestas actividades subversivas con una planta de radio clandestina.7

El primer radiotransmisor fue ocupado a los po­cos días, pero el 20 de mayo de 1952, mientras en la escalinata de la Universidad de La Habana se cele­braba el 50 aniversario de la instauración de la Re­pública, comenzó a trasmitir la segunda planta. En junio, el tercer número del periódico clandestino Son los mismos reflejaba el hecho: “Esta concentra­ción popular fue transmitida por las ondas libres del Movimiento de Resistencia y Liberación Nacio­nal en la banda de 40 metros amateur”.8

Dicho equipo se mantuvo operando hasta el 27 de noviembre de 1952, cuando trasmitió durante el acto efectuado en la escalinata de la Universidad. El alto riesgo de ser descubierto por la policía, el permanente traslado de lugar, así como el poco alcance de sus ondas, eran razo­nes suficientes para que cesara su funcionamien­to. A ello hay que sumar el hecho de que Fidel tenía por entonces bien avanzados los preparati­vos del asalto militar y se empeñó en no llamar la atención de las autoridades.

Décadas después rememoraría este periodo: “[…] empiezo a organizar a los primeros comba­tientes, a los primeros luchadores, digamos, las primeras células, a las pocas semanas. Primero trato de crear un pequeño periódico tirado en mimeógrafo, y algunas estaciones de radio clan­destinas. Son las primeras cosas”.9

1 Katiuska Blanco Castiñeira: Fidel Castro Ruz Guerrillero del tiempo, Primera Parte, t. I, Ruth Casa Editorial, La Ha­bana, 2012, p. 24.

2 Ibidem, p.11.

3 Mario Mencía: El Moncada, la respuesta necesaria, Ofici­na de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2013, p. 199.

4 Juan I. Grillo Hernández: Mario Muñoz Monroy, Editora Política, La Habana, 1982, p. 23.

5 Humberto González Quijano: “Vida y Obra del Dr. Ma­rio Muñoz Monroy”, en Infomed, 22 de marzo del 2017, http://www.revmedicaelectronica.sld.cu/index.php/ rme/article/view/1803/html_243 (consultado: 11 de febrero del 2022).

6 Mario Mencía: Ob. cit., p. 201.

7 Ibidem, p. 202.

8 Ibidem, p. 203.

9 Frei Betto: Fidel y la religión. Conversaciones con Frei Betto, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2018, p. 126.

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