EL SURGIMIENTO DE UN LÍDER: LA LLEGADA DE JOSÉ ANTONIO ECHEVERRÍA A LA PRESIDENCIA DE LA FEU

Articulo Científico

Po Frank Josué Solar Cabrales

Doctor en Ciencias Históricas. Profesor de la Universi­dad de Oriente. Presidente de la Cátedra para el estudio del pensamiento de Fidel Castro.

B. 48, julio 2022

Cuando se produjo el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, la contestación inmediata de la dirigencia estudiantil de la Universidad ha­banera, encabezada por su presidente, Álvaro Barba, fue acudir al Palacio Presidencial para manifestar su respaldo al presidente constitu­cional, Carlos PríoSocarrás, y solicitarle la en­trega de medios bélicos para defender la legali­dad a través de una legítima resistencia armada contra el golpe; pero la respuesta no pudo ser más pusilánime. De la misma manera en que huía, defenestrado del poder, incumpliría la promesa hecha a los estudiantes y las armas nunca serían enviadas a la colina universita­ria. Esta última se convertiría, a partir de este momento, en trinchera de combate permanente contra la dictadura y se constituyó en uno de los focos fundamentales de oposición al golpe ba­tistiano; en su seno hallaron abrigo y trinchera todos los sectores rebeldes, que desde el mis­mo inicio de la resistencia alzaron a Martí como bandera de lucha.

La mayor parte del estudiantado radical, los partidarios de la insurrección armada frente a la tiranía, se agruparon alrededor de José Antonio, quien se distinguía como la figura cimera del mo­vimiento revolucionario que emergía en la Coli­na. Su talento, carisma personal y sus virtudes como organizador le permitieron aunar a una buena parte de los universitarios que, aún dis­persos por las distintas escuelas, manifestaban su rechazo a la situación imperante en el país. Dos elementos sirvieron de denominador co­mún: uno, Batista solo sería derrotado median­te la acción armada y dos, su caída no podía entrañar un regreso al 9 de marzo, pues Cuba exigía con urgencia una revolución nacional que transformara radicalmente el orden políti­co, económico y social que había conocido en su medio siglo de vida republicana.

El 23 de febrero de 1954 se celebraron los co­micios para elegir al nuevo presidente de la FEU. José Antonio era uno de los principales candida­tos; pero por maniobras de última hora, resultó elegido Germán Moré, presidente de la Escuela de Pedagogía. En el ejecutivo que se conformó, Echeverría fue seleccionado secretario general y, desde ese puesto, sería el principal organizador de las actividades revolucionarias de la FEU en el periodo que comenzaba: organizó, dirigió y eje­cutó acciones que fueron llevando a un plano su­perior la lucha contra Batista. Bajo su dirección las conmemoraciones de las fechas patrias y de aque­llas que entrañaban un simbolismo especial para los estudiantes se convertían todas en jornadas de combate contra las fuerzas represivas.

El 30 de septiembre de 1954, se celebró un acto de homenaje a Rafael Trejo, justo en el sitio don­de cayó el mártir estudiantil, en el parque Eloy Alfaro. Allí, en plena calle Infanta, ante la masa de estudiantes congregados, Fructuoso Rodrí­guez aprovechó el momento para proclamar públicamente, en medio de la algarabía de sus compañeros, a José Antonio como presidente de la FEU, pues le correspondía, en su condición de secretario general, sustituir reglamentariamente a Benigno Arbesú, quien cesaba en la presiden­cia por haber concluido sus estudios. En el acto desarrollado esa misma noche en el Aula Mag­na, José Antonio en su estreno como máximo di­rigente estudiantil, fue el principal orador.

Su personalidad le imprimió una nueva tónica a la organización estudiantil universitaria, desde su presidencia. En lo adelante tendría como carac­terísticas esenciales, por un lado, la moralización interna de la Universidad, el combate contra la corrupción y el gansterismo, la necesaria limpie­za de la casa de altos estudios primero, para luego enfrentarse, con sus fuerzas más sanas, a la dic­tadura batistiana; y por el otro, la radicalización de las acciones de calle, de las movilizaciones de masas, del combate frontal a los aparatos represi­vos del régimen. En la estrategia de aumentar la actividad revolucionaria ante la tiranía, se inscri­birían las grandes campañas nacionales por rei­vindicaciones populares, que encontrarán siem­pre en la FEU a su principal promotor y activista.

El movimiento estudiantil de la Universidad de La Habana ejercía gran atracción en los me­dios de difusión nacional, arma poderosa en manos de todo aquel que quisiera movilizar la opinión pública a favor de sus intereses. Por eso, para cada elección de la FEU se reagrupa­ban y reajustaban las distintas fuerzas, con el propósito de obtener, cada una, la hegemonía en el medio universitario y se recurría a cual­quier mecanismo para conseguirlo. La perma­nencia en el cargo de José Antonio, comprome­tido con los elementos más sanos y radicales de la Universidad y con la sagrada causa de la re­volución cubana, no era bien vista por muchos, que sabían de su integridad revolucionaria y conocían que él no se convertiría en instrumen­to de nadie.

Con el propósito de impedir su estadía se tensaron al máximo to­das las fuerzas para las elecciones de abril de 1955. Para arrebatarle la dirección de la FEU a José Antonio se le­vantó la candidatura de Leonel Alonso, presidente de la Asociación de Estudiantes de Filosofía y Letras, y tras él se nuclearon las más variopintas tendencias. Según Guillermo Jiménez: “[…] ahí entran movimientos de izquierda, de derecha, movimientos ligados a partidos políticos, movimientos gansteriles”.1 Apoyando a Alon­so se encontraban los personajes más connotados de la politiquería universitaria, que buscaban recuperar el control de la FEU para provecho personal, apuntalados por los residuos del gansterismoen el Alma Mater, quienes sabían que con Echeverría terminaban sus “aventuras” en la Colina. Sin embargo, también, aunque por distintas razones y con disparidad de matices respaldaban al presidente de Filosofía y Letras lo mismo partidos de izquierda —de tradi­cional dominio en esa escuela debido al empleo de diferencias tácticas a las empleadas por José An­tonio en cuanto a métodos de lucha— que forma­ciones políticas de oposición en búsqueda de pre­ponderancia en el organismo estudiantil, además de elementos revolucionarios honestos. Así, con una curiosa amalgama de intereses heterogéneos y hasta contrapuestos, entre los que predominaban ingredientes de la politiquería y el bonchismo,2se le daba el espaldarazo a un candidato cuyas car­acterísticas más trascendentes, según algunos de sus contemporáneos, eran la demagogia y la char­latanería, sin ninguna historia de lucha en el uni­verso estudiantil.

Por su parte, en el bando contrario, los univer­sitarios que se agrupaban en torno a José Antonio lo hacían —además de por su carisma, su persona­lidad magnética, su talento político unitario— en mayor medida porque todos defendían, como él, la misma posición intransigente de enfrentamiento a la dictadura por la vía insurreccional.

El intento por impedir el triunfo de Echeverría adquirió caracteres dramáticos, que hubieran podido generar una escalada de violencia entre universitarios con fatales con­secuencias para la causa. El 19 de abril de 1955, la Universidad amanecía en medio de una tensa calma, que parecía preludiar el inicio de una batalla. Los ánimos estaban exaltados, en la espera del desenlace final que tendrían las elec­ciones. Aun cuando faltaban dos presidentes para finalizar el conteo de los votos, ya José Antonio había recibido los siete necesarios para triunfar.

Al siguiente día una comisión de dirigentes uni­versitarios integrada entre otros, por José Antonio, Juan Nuiry, Luis Blanca, Fructuoso Rodríguez y René Anillo, recorrió las redacciones de los distin­tos periódicos para informar a la opinión pública nacional acerca de los propósitos que animaban a la nueva dirección estudiantil recién electa, en de­claraciones que resultarían premonitorias:

La gran tareahistórica de la FEU en la cues­tión cubana es enfrentarse a los obstáculos que impiden el progreso de nuestra patria y para ello uniremos en idea y acción al estu­diantado y a la juventud cubana, pero siem­pre conservándonos ajenos a las luchas par­tidistas. Sin más Norte que imponer sobre el sombrío panorama cubano, una aurora de fe en el destino nacional. Trataremos, en fin, que nuestra voz que es un murmullo se con­vierta en el grito del pueblo.3

1 Entrevista realizada por el autor a Guillermo Jiménez, 7 de diciembre del 2004.

2 Término procedente del inglés bunch(banda, racimo, puñado), fue la expresión del gansterismo dentro de la Colina. Representó el empoderamiento de pandillas o grupos de acción que garantizaban su hegemonía medi­ante la amenaza y el crimen.

3 “Expone el Presidente de la FEU planes”, en Diario Na­cional, La Habana, 21 abril de 1955, no. 201, p. A-5.

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