Dulce María Escalona, un pilar de la educación cubana

Articulo Divulgativo Historia

Por María Caridad Pacheco

La Doctora Dulce María Escalona Almeida nació el 15 de agosto de 1901, en Holguín, casi en los inicios de la República neocolonial, por lo cual, desde muy joven estuvo inmersa en los procesos

de convulsión revolucionaria, de los que fue testigo y activa participante. Sus padres fueron Manuel Escalona Pantoja, natural de Santiago de Cuba, comandante del Ejército Libertador, y Juana Almeida Frías, natural de Manzanillo, ama de casa, madre de once hijos, de los cuales Dulce María era la mayor y única fémina. Con la muerte del padre, se vio en el deber de ayudar a la madre en la crianza de sus hermanos más pequeños. Quizás este factor haya tenido una fuerte influencia en su carácter, de aparente dureza, de rígida disciplina, pero de inmenso humanismo.

Su afán de superación la hizo ingresar, con 16 años de edad, en la Escuela Normal para Maestros de Santiago de Cuba donde se graduó en 1921 simultáneamente de bachiller en Ciencias y Letras.

Siendo apenas una adolescente, en 1916, se incorporó a un grupo integrado por intelectuales y estudiantes de Santiago de Cuba, que denunciaban la invasión y ocupación de Santo Domingo por tropas norteamericanas, de modo que desde muy temprana edad se fueron cimentando en ella las inquietudes patrióticas y su posición antimperialista.

Iba todos los domingos al Ayuntamiento para leerle textos martianos al pueblo que iba a escucharla, así como obras literarias, políticas, y poemas, con lo que contribuía a la educación popular. Su profesor de Español, Max Henríquez Ureña, la tenía como su alumna predilecta y desempeñó un papel decisivo en su formación.

Se integró al Ala Izquierda Estudiantil y como miembro de la Asociación Pedagógica Universitaria, participó en el I Congreso de Estudiantes. Conoció a Julio Antonio Mella y colaboró como profesora de Matemática en la Universidad Popular José Martí.

En 1924 se doctoró en Pedagogía por la Universidad de La Habana. Fue cesanteada en 1930, por haber firmado la proclama estudiantil contra el dictador Gerardo Machado, y encarcelada en 1931. No obstante, trabajó junto a Bernal del Riesgo y a Alfredo Miguel Aguayo, en proyectos para la superación profesional de los maestros.

En 1934 fue nombrada directora de la Escuela Técnica Industrial (para muchachas), de la Fundación Rosalía Abreu, donde ejerció también como profesora de Matemática. En este centro fue detenida y conducida a la Cárcel de Mujeres de Guanabacoa, en 1935, por no firmar la Declaración que condenaba la huelga general que tuvo lugar en marzo de ese año.

En 1937, regresó a la Escuela Normal para Maestros de La Habana como profesora titular de Matemática, y como directora entre 1948-1950. En 1939, se había graduado como Doctora en Ciencias Físico-Matemática. La corrupción político-administrativa presente en este centro educacional fue razón suficiente para que se decidiera a presentar su solicitud de jubilación en 1958.

En 1959 triunfó la Revolución y, con ella, resurgieron los ideales por los que tanto había luchado y, como ella misma dijera: “[…] cuando la patria hace el reclamo, no hay más respuesta que la lucha”. De modo que tomó parte, entre otras frentes, en la Comisión Nacional de Alfabetización, en la preparación metodológica de los primeros maestros voluntarios, y en 1960, ocupó la Dirección Técnica de la Segunda Enseñanza.

En 1962, como directora de la Escuela de Educación, de la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Habana, presentó la ponencia:

“Esbozo de Reforma de la Escuela de Educación”, de la cual surgirían los Institutos Pedagógicos, cuyo objetivo primordial era formar profesores para la Enseñanza Media. Con 63 años fue la directora fundadora del Pedagógico Enrique José Varona y puede afirmarse que esa constituyó su gran obra educacional. En 1967, comenzó a quebrantarse su salud y en 1969, fue designada asesora general, pues había solicitado ser relevada de la dirección.

Su legado pedagógico ha permanecido en obras que hoy son realidad, y en hombres y mujeres de bien, que recibieron su influencia como educadora y revolucionaria cabal.

Se puede considerar a Dulce María Escalona Almeida como una de las educadoras relevantes dentro de la vanguardia pedagógica del siglo xx. En el álbum de graduados de la Escuela Normal para Maestros de La Habana, en 1945, dejó este mensaje, que conserva plena vigencia: “El maestro ha de prepararse para llevar al aula el ejemplo de una vida digna, el aporte de una preparación depurada por el esfuerzo sin tregua y la fe en un mañana mejor”.

En 1968, a propuesta de los alumnos del Instituto Pedagógico Varona, fue elegida militante del Partido Comunista de Cuba. En 1972 recibió la categoría de Profesora Emérita de la Universidad de La Habana. Esta ejemplar pedagoga falleció el 22 de febrero de 1976, en La Habana.

Armando Hart, quien fungió como titular de Educación en los primeros años de la Revolución, se definió a sí mismo como ministro-alumno de esa mujer a quien llamó a ponderar como imprescindible entre los nombres extraordinarios de la cultura cubana.

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